El Amor y la Sujeción en el temor de Dios

Hola, como están Hermanos y Amigos. Quiero que hablemos de algo que todos los cristianos conocemos de sobra, pero por alguna razón pocos aplicamos a nuestra vida. Si, quiero hablar sobre el Matrimonio. Matrimonio que yo mismo experimente cuando vivía concentrado en el mundo y desconocía las cosas del Señor. Matrimonio que no supe llevar adelante y hoy a fuerza de experiencia y ver cometer mis mismos errores en las familias de mi Iglesia es que quiero hacerlo público para que por lo menos se den cuenta que uno habla por lo que le pasó y no que tocamos de oído algunos temas. Es importante que cada vez que transmitamos algo, lo hagamos desde nuestra propia experiencia, y eso es lo que quiero hacer en este día.

Vamos a orar. Padre, en el nombre de Jesús, que la Sabiduría y el Entendimiento llegue para cada uno de nosotros que está aquí hoy y en este momento. Para vos Hermano que estas leyendo, para mí y para mi congregación. Señor, si hay ansiedad en nuestras vidas, hay miedo en nuestras vidas, ayúdanos para que podamos esforzarnos, por que no nos desgastemos y no nos agotemos. Padre, si tenemos los temores sobre el futuro, si el futuro se presenta incierto, Señor, ahora decimos que tu bendición llegue a nuestras vidas. Te damos gracias por tu bondad que nos llevará hasta el otro lado. Te damos gracias porque tú nos has bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales. Y Señor, gracias por este paseo de la alegría que llamamos vida. Abrazamos esta aventura, Padre. Perdónanos por tener miedo de él a veces. Perdónanos por dudar, como los discípulos en la barca mientras la tormenta perduró alrededor de ellos. Dudaron del hecho de que Tú estabas allí, y de que ese barco no podía hundirse. Y Padre, a veces dudamos de nuestras vidas, a veces dudamos en nuestro matrimonio, en nuestra familia. A veces tenemos dudas sobre nuestras actitudes hacia nuestras esposas, hacia nuestros esposos, hacia nuestros hijos, pero hoy Padre, reclamamos que tu nos ayudes a lograr es descanso, a lograr que podamos descansar en tu palabra. Gracias, en el nombre de Jesús. Amén.

Vamos a leer Efesios 5:21-31, si no tienes tu biblia a mano, hoy te lo transcribo. Pero ten siempre tu Biblia cerca.

21 Someteos unos a otros en el temor de Dios.
22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;
23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.
24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.
25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,
27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.
28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.
29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia,
30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.
31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.
32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.
33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.

Leyendo estos versículos de Efesios te darás cuenta que la Biblia nos pone como ejemplo del matrimonio al mismo Jesús y su relación con la iglesia. Cuando la Biblia habla de lo que debemos hacer en un matrimonio, nos pone por ejemplo a Jesús. Todos crecimos en una familia, viendo algún tipo de matrimonio; unos malos, otros buenos; unos sólidos y otros inestables.

Recordá que el Apóstol Pablo nos dice que Todo lo concerniente a nuestra vida como cristianos debe tener un solo fundamento, la preciosa persona de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, la nueva vida que todo matrimonio realizan juntos debe tener su base en Cristo. Todo lo
que emprendan, si antes lo someten al señorío de Cristo, tendrá bendición.

Pero lo que vimos creciendo en nuestro hogar programó nuestra mente y corazón. Inconscientemente creímos que las reglas de conducta y la forma de relacionarnos en un matrimonio debían ser como lo vimos en nuestro hogar. Y eso lo llevamos dentro cuando nos casamos. Si el padre fue agresivo y machista, igual se comporta el hijo; si la madre fue independiente y rebelde, la hija querrá hacer lo mismo en su matrimonio.

La gran mayoría de personas no aprende como llevar un matrimonio. Acude a sus conocimientos y reglas de conducta heredadas de su hogar creyendo que eso los guiará, y se sorprenden cuando no funciona. Me asusté cuando leí esta estadística: que la pareja promedio pasa 150 horas planificando la ceremonia de boda y solamente 2 horas aprendiendo del matrimonio. Planifican las invitaciones y los adornos, pero no planifican su hogar. Aprenden como manejar un auto y estudian una profesión, pero pocos estudian para la vida, para ser felices con quien aman.

Pero el matrimonio, aunque nace por el amor, se sostiene con sabiduría. Esta escritura de Efesios es como que el Señor nos dijera: "cuando te cases, no sigas el patrón de conducta que viste en tus padres. Sigue mi ejemplo. Imítame a mí".

Cada vez que hablamos de sujeción, las mujeres piensan dentro de sí: “ahí viene otra vez eso de que debo obedecer, otra pedrada para mí”, mientras los hombres empiezan a sonreír como quien dice “Que bueno, ahora habla y me libera, me da la razón”. Pero no deben pensar así, no es así. Primero, la sujeción no es sólo para las mujeres, empieza por el hombre. Éste debe sujetarse a Cristo, su cabeza. Segundo, no es mala, es buena. Dios no hubiera mandado algo que nos hiciera daño.

No se trata aquí de que la mujer esté esclavizada, que no cuente para nada, que no ejerza ningún derecho. Sino que por vía de orden, en el matrimonio debe haber una cabeza, es decir un líder y Dios ha designado al marido.

Muchas mujeres huyen a la sujeción porque no han entendido su poder. Creen que Dios les ordenó menospreciarse. Esto lo creen porque no han entendido el respaldo de Dios cuando lo practican. Antes que nada mujer, debes comprender que lo que el Señor le pidió al marido es más difícil. La orden para el hombre es morir, no sujetarse. Estoy seguro que a cualquiera que le apunten un arma a la cabeza y le digan "o te sujetas o te mato" se sujetaría. Es porque morir es más difícil, y eso fue lo que Dios le pidió al esposo.

Te voy a demostrar tres beneficios para ti, mujer, si eres sujeta. El primero lo encontrarás si lees cuidadosamente 1ra Pedro 3.1-2. El Señor lo ha llamado "Deberes Conyugales" y dice así: 1 Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, 2 considerando vuestra conducta casta y respetuosa.
Dios transforma con su Palabra a los hombres a quienes se les sujeta una mujer casta y respetuosa, aún cuando este marido no crea en la Biblia. En otras Palabras, las mujeres respetuosas son una ventana de bendición para su hogar.

Piensa en esto por un momento. Por lo general, la mujer cuando está enojada, quiere discutir con su marido y llega a hacerlo fuertemente si no la escuchan. Quiere hacer valer su punto y que su marido reaccione, pero está en un error. Dios no transforma a su esposo por sus alegatos, lo hace por su sujeción. Cada vez que contiende verbalmente con su marido, está cerrando más su corazón y también la ventana de bendición de Dios. El Señor, al ver que la mujer no respeta a su cabeza, la deja a su propio destino. Pero en cambio, cuando no discute de regreso, sino que mantiene una conducta respetuosa y ejerce dominio propio, el poder de Dios y su autoridad operan a su favor. El mismo llama a su marido y se encarga de reprenderlo fuertemente. ¿Por qué? Porque El es la cabeza de su esposo y opera en autoridad cuando ve que la mujer respeta esa autoridad.
Recuerden que si en vuestro matrimonio le dan lugar al diablo, él no viene sino para hurtar, matar y destruir. Pero si lo someten todo al gobierno, a la autoridad, a la soberanía de Cristo, entonces vuestro matrimonio tendrá vida y vida en abundancia como lo promete el mismo Salvador: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

Así mismo ÉL manda tres veces en este pasaje al esposo que ame a su esposa: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (5:25). “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama” (5:28). “Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido” (5:33). Pero también, la Biblia dice que la esposa debe amar a su marido: “Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos” (Tito 2:4).

"El valor principal de la compañía o del sentirte o estar acompañado lo encuentras en 1ra Pedro 3: 7: Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. Entiende esto, Dios escucha únicamente al esposo que honra a su mujer. Cuando eres sujeta a tu marido, Dios está tan cautivado con tu actitud mujer, que hasta podría estorbar las oraciones de tu esposo cuando no te honra como vaso más frágil. ¿Por qué? Porque Dios no atiende al hombre que trata mal a su mujer, sino que le resiste. De esa manera el Señor protege el corazón sensible de las mujeres.

Si el Señor le dio al hombre autoridad en el hogar, también le dio responsabilidad, y El no escuchará a aquel que abusa de ese poder. El resiste al esposo, hasta quebrantar su corazón y para que éste se de cuenta de que no esta haciendo bien. El Señor me dio a deducir que sólo aquellos hombres que honren a su mujer y respeten la ternura y sensibilidad de ella podrán tener comunión con el Espíritu Santo, porque el Espíritu es más sensible que las mujeres. Pero cuando son severos y torpes con sus esposas, el Señor se aparta de ellos en sus oraciones, buscando que se humillen y arrepientan por esa dureza. Aquel que se endurece con su esposa, su corazón se endurecerá con Dios. Por eso Dios ni recibe las ofrendas de los esposos desleales a sus esposas (Malaquías 2.13-14).

Nada, ni nadie, puede vencer al amor verdadero. El sabio Salomón nos dice: “Porque fuerte es como la muerte el amor... sus brasas, brasas de fuego, fuerte llama. Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos...” (Cantares 8:6-7). No hay gozo más grande y más hermoso que cuando se ama. No cuando nos aman, sino cuando se ama. Cuando se siente esa experiencia maravillosa, esas mariposas en el estómago.
Hermanos, ámense, pues esta es la voluntad de Dios. ÉL manda tres veces en este pasaje al esposo que ame a su esposa: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (5:25). “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama” (5:28). “Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido” (5:33). Pero también, la Biblia dice que la esposa debe amar a su marido: “Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos” (Tito 2:4). Nuestro pasaje nos dice que la intensidad de vuestro amor debe ser hasta el grado de entregarse uno por el otro. Asimismo, que la profundidad de su amor debe ser como se aman a sí mismos, considerándose parte el uno del otro. Adán dijo de Eva: “... Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne...” (Génesis 2:23). La idea aquí es que si se aman así, jamás se harán daño, nunca se aborrecerán, siempre se sustentarán y cuidarán de la misma manera que Cristo
lo hace con su iglesia.

Cuando esto no sucede, entramos en crisis, entonces el Señor nos provee de alivio y consuelo y esto lo encontramos en Isaías 54:4-6. Dios le dice a la mujer abandonada: “Yo seré tu marido”. El ocupa el lugar del esposo si éste la rechazó, pero nunca ocupa el lugar de la esposa ante el hombre. Es como que Dios le dijera a la mujer: "si por sujetarte a tu marido el te hace algún daño, Yo mismo me encargaré de amarte y sustentarte. Yo, tu Dios, yo te consolaré, y no te dejaré avergonzada ni afligida". Esta es una promesa que nunca hace el hombre, sólo a la mujer, y a aquella que se sujeta a su esposo. Dios te ha puesto a ti, mujer, en un lugar para ser honrada por tu marido. Sujétate sin temor, con toda libertad, pues la sujeción es una bendición.

La Biblia dice que una buena mujer es corona de su marido, pero que una mala mujer es una gotera sobre su cabeza. En Proverbios dice que la mujer es el bien de Dios, pero Eclesiastés dice que la mala mujer es más amarga que la muerte. Mujer, tú escoges que serás para tu esposo: la mayor bendición que ha recibido de Dios, o el mayor dolor de cabeza que sufre. Escoge el bien, y el Señor te ayudará a relacionarte con tu esposo.

EL MODELO DE AMOR MAS GRANDE PARA EL ESPOSO ES JESUS

Así como la instrucción de Dios para la esposa es una en todo el Nuevo Testamento, sujetarse, para el hombre encontramos tres.
La primera es amar incondicionalmente, dar la vida como Cristo lo hizo. Como puedes ver, tu responsabilidad, por ser cabeza, es mayor. Cristo llegó a la cruz por amor a su esposa, la iglesia, y murió a sí mismo por ella. No hay más grande amor que éste, y a eso nos llamó el Señor como hombres y líderes del hogar. Tu esposa no se negaría a seguir a un hombre así.

Si tú, hombre, quieres ser una cabeza digna de un hogar cristiano, lo primero que tienes que hacer es morir a tus propios deseos. Si Dios te dio autoridad en tu hogar es para que sirvas a tu familia. Pero el que se casa para exigir cosas para sí mismo, no está amando como Cristo.

Al leer 1ra de Juan 4:8, dice: El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.
La Biblia dice que en esto consiste el amor, en que El me amó primero a mí. Jesús me enseñó que si yo quería amar a mi esposa como El lo hizo, yo debía ser el primero en manifestar mi amor en mi hogar. El me amó primero, y después de recibir su amor, yo le correspondí. De la misma manera, yo debo amar a mi esposa primero, no esperar lo contrario. Por lo tanto, no puedo tener ninguna excusa como hombre para no ser tierno y amoroso con ella. Jesús no las tuvo conmigo. El me amó primero.

La segunda es respaldar, sostener a tu esposa. Pablo dijo que quien cuida y sustenta a su mujer, a sí mismo se ama. El Modelo de Jesús lo encontramos en 2da Corintios 8:9, que dice: Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.
El versículo habla sobre el manejo de las finanzas de El para nosotros. Dice que Jesús, siendo rico, se hizo pobre para bendecirnos o enriquecernos. En muchos hogares es el hombre quien trabaja y gana un salario. En otros, ambos lo hacen. No importando quien lo genere, la Biblia enseña que la responsabilidad del hombre como cabeza en esta área, al seguir el modelo de Jesús, consiste en dejar a un lado sus propios intereses, despojarse y buscar el beneficio de su mujer.

Nuestras finanzas expresan lo que realmente amamos. "En donde está tu tesoro allí está tu corazón" nos enseñó Jesús. Te guste o no, de la manera como usas tus ingresos muestra lo que hay en tu corazón. Personalmente creo que cuando una pareja se casa deben unir todos sus bienes. No veo cómo una pareja dice que va a compartir toda su vida sin compartir todas sus cosas y eso incluye los bienes. Yo no tuve esa confianza con mi esposa, vos la tenés. Pensalo por que yo lo reconozco luego de haber perdido, vos todavía estas a tiempo
Fijate que por ignorancia, hoy me doy cuenta que lo mismo hizo Dios conmigo, confió sus más preciados tesoros en mí.
Hermano, a vos te hablo, tenés que aprender que cuando tomés decisiones en tu matrimonio, lo hagás pensando en bendecir a tu esposa y a tus hijos, aún si esto implica hacerlo sobre tus propios intereses. No importa de donde procedan los recursos que tienes en el matrimonio, siempre busca el beneficio de tu familia sobre el tuyo propio. Esto les dice que vos los amas.

La tercera es ministrar a tu mujer. Jesús se entregó por su esposa, la iglesia, y la santificó por medio del lavamiento de la Palabra de Dios, y por eso puede presentarse una esposa gloriosa, sin mancha ni arruga. Jesús es responsable de la mujer que se presenta ante El. De igual manera, Hermano, tu que eres esposo, tú eres responsable de la esposa que se presenta ante ti. ¿Qué quiere decir esto? La mujer es, por característica propia, alguien que devuelve lo que tú le des, multiplicado. Dale una docena de rosas y te devuelve su satisfacción; dale un anillo y te entrega un matrimonio; dale un esperma y te devuelve un hijo; dale una casa, y te devuelve un hogar. Pero si la tratas con dureza, te devuelve contiendas y divisiones.

Hermano, no te estés fijando que te entrega tu mujer. Piensa que por algún motivo, lo que ella te da es parte de lo que vos le diste antes. Tú eres responsable del estado de tu mujer. Ella es el reflejo de lo que tú has hecho por ella, es el espejo de lo que te has dedicado a darle. Lo que tú has sembrado, has cosechado.

Siguiendo el ejemplo del apóstol Pablo, quien en ocasiones comparó la iglesia con un edificio, hoy vamos a comparar el matrimonio con una casa. Los esposos son los constructores quienes cada día irán añadiendo los materiales para formar una preciosa habitación. Este trabajo de construcción es constante, no termina, dura toda la vida. Pero al terminar ésta, presentarán su trabajo delante del Señor. Los esposos deciden si presentarán un edificio primoroso, fuerte, adornado; o por lo contrario, unas ruinas, unas tapias, sin techos, una casa destruida. Veamos que necesitamos para edificar un matrimonio feliz.
El hombre que se dedica a darle Palabra a su mujer, a cubrirla y a orar por ella, va a recibir una mujer gloriosa, sin mancha y sin arruga, como Cristo. Esposos: La mujer es la manifestación del bien de Dios. Cuando El te quiso mostrar que era bueno contigo, te dio más que una casa o un carro. Te dio su herencia: una mujer. Ella vale más que el oro y las riquezas del mundo. Ámala, y encontrarás la benevolencia del Señor. Gózate en la mujer de tu juventud, porque esto es don de Dios.
Así es en el matrimonio, aún cuando los dos sean de caracteres muy distintos, llegan a ser uno solo. Debo exaltar que esa unidad no la producen los seres humanos, sino Dios a través de su Espíritu Santo. Lo que nos corresponde como cristianos es conservar esa unidad. El apóstol Pablo lo dice: “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3).
Esposos sean siempre muy unidos. Tengan una excelente comunicación entre sí. Adoren a Dios juntos. Apóyese el uno al otro en sus temores, en sus puntos débiles. Procuren hacer feliz a su pareja. Si llega a haber un pleito, nunca se ofendan, no levanten la voz, mucho menos la mano, nunca recuerden cosas del pasado, jamás se echen en cara sus faltas, sus fallas, sus errores, mucho menos sus defectos, cada uno sea el primero en buscar la reconciliación, si así lo hacen, se encontrarán en el camino y en lugar de reproches, acusaciones y ofensas, habrá
besos y abrazos y palabras bonitas. No permitan que nadie lesione la unidad que hay entre ustedes. ¡Que lo que Dios juntó, no lo separe el hombre!

Vamos a orar. Padre, te damos la gloria y la honra, Jesús. Esto es un momento sagrado delante de ti Señor. Esto es un momento donde estamos respondiendo a tu palabra, Señor. Como decíamos hace unos minutos: tu palabra que nos confronta, tu palabra que nos alienta, tu palabra que nos llama a llevar vidas distintas para tu honra y tu gloria. Jesús aquí están tus hijos e hijas, Señor. Hay hombres, hay mujeres, hay jóvenes que están diciendo ‘Señor, heme aquí. Llena mi vida con tu unción. Llena mi vida con tu gozo. Llena mi vida con tu amor. Llena mi vida con tu poder, con tu autoridad.’ Señor, hay personas leyendo que en este momento te están diciendo ‘Señor, heme aquí, ¿cómo puedo ser de bendición a mi familia? ¿Cómo puedo ser de bendición a mis amistades, a mis comunidades, Señor? Yo necesito tu unción’. Y Padre, he aquí estamos. Danos tu cobertura, Señor. Danos tu cobertura, Jesús. Derrama sobre nosotros, Señor, ese río de agua viva, mi Dios, que nos llene y que nos impulse, mi Dios, a hacer la diferencia en el mundo donde vivimos, Señor.
Padre, yo intercedo por las familias también, Señor. Yo pido por los matrimonios aquí representados ahora a través de la lectura, Jesús. Padre que tu unción y tu gozo cubra a los matrimonios que están aquí presentes ahora mismo, Señor. Que esa unción y ese gozo restaure relaciones que han sido quebrantadas, que restaure la comunicación entre esas pareja, Señor, que tu restaures la intimidad en sus vidas, y que ellos puedan disfrutar, Señor de ese amor que tu tienes para cada uno de ellos. Con hijos e hijas Señor, que seas tu también ministrando a cada uno de ellos. Yo pido que tu unción les cubra, mi Dios para que la enseñanza que hoy han tenido, la impartan desde ahora, Señor. Que sea una enseñanza, mi Dios que forme hombres y mujeres dignos de llevar tu nombre en medio de sus vidas, Jesús.
Padre, y como un ejército nos paramos firmemente y decimos: ‘Satanás hasta aquí tu has llegado. No más, no más, no más. No más, no más. Ya no tienes lugar con tu pueblo. No tienes lugar porque Jehová está en medio de nosotros, poderoso, El salvará, El salvará, El se encargará de hacer que las situaciones obren en favor tuyo. Oh, gracias Jesús. Gracias Señor. Padre bendice a tu pueblo. Bendice a tu pueblo, Señor, que cuando salgan de este sitio, cuando cierren el Internet, Jesús, tu cobertura sea con ellos aún más, tu fuego sea con ellos aún más. Que tu les consumas, Señor. Que esta palabra siga rebotando en sus mentes, Señor, y los animes a acercarse a ti aún más. Gracias te damos Jesús. A ti sea la gloria, la honra y el honor, por siempre Señor. Amen. Amen. Gracias Jesús.

 
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